Por el Chef Fernando Stovell
Hay algo profundamente humano en el acto de dar gracias. Mucho antes de que existiera el término Thanksgiving, las personas en todo el mundo se reunían alrededor del fuego y de la comida para honrar la cosecha, la tierra y los lazos que los unían.
En ese gesto compartido —antiguo y perdurable— reside la verdadera esencia de la gratitud: la conciencia de que no solo vivimos de lo que cultivamos, sino también de aquellos con quienes lo compartimos.
1. Un Espíritu Universal
En Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias evoca el aroma del pavo asado, el crujir de las hojas de otoño y la calidez de una mesa familiar repleta de tradición. Sin embargo, más allá de sus fronteras, el espíritu de este día adopta formas nuevas y sorprendentes.
En México, la gratitud se entreteje en cada comida compartida —desde una sencilla tortilla hasta un festivo mole cargado de historia y sabor. En Japón, el Kinrō Kansha no Hi (Día de Acción de Gracias al Trabajo) celebra el esfuerzo y la comunidad. En Ghana, el festival Homowo honra la victoria sobre la hambruna.
En Europa, las festividades de la cosecha —como el Harvest Home británico o la Fête des Vendanges francesa— conmemoran el mismo ciclo de alimento, tierra y renovación.
El gesto de dar gracias no pertenece a un solo lugar; pertenece a la conciencia. Es la pausa entre la abundancia y el recuerdo, entre recibir y reconocer. Es ese instante en el que comprendemos que el acto más simple —partir el pan— encierra siglos de significado.
2. El Lenguaje de la Comida
La comida, bajo esta luz, se convierte en nuestro lenguaje más elocuente. Cada ingrediente cuenta una historia: de la tierra, del trabajo, de la herencia.
Cocinar es rendir homenaje a todas esas manos invisibles —campesinos, recolectores, pescadores— que hacen posible cada plato. Comer juntos reafirma el hilo invisible que nos une entre nosotros y con el mundo.
3. Los Sabores de la Gratitud
En mis viajes y cocinas he descubierto que la gratitud tiene distintos sabores según el lugar. A veces es la dulzura del maíz tostado en Oaxaca; otras, el perfume sereno de las castañas y la salvia en el campo inglés.
En esas ocasiones suelo preparar un platillo profundamente ligado a mis raíces británicas: Ganso asado con manzanas al sidra y relleno de castañas, una receta que habla de calidez, familia y generosidad.
La piel dorada y crujiente encierra una carne tierna, impregnada de hierbas y frutas, recordándonos que todo banquete es, a la vez, un final y un comienzo: una celebración de lo que la tierra nos da y de lo que elegimos compartir.
Quizá eso sea, en el fondo, lo que el Día de Acción de Gracias nos invita a reflexionar: no solo celebrar lo que tenemos, sino reconocer aquello que verdaderamente nos sostiene —las relaciones, los recuerdos, los gestos de generosidad y gracia que definen nuestra humanidad.
4. Entre Dos Mundos
Como chef anglo-mexicano, me encuentro entre dos mundos: uno impregnado de antiguas tradiciones inglesas, y otro vibrante con los colores y el alma de México.
Cada año mi mesa refleja ambos universos: el ganso asado junto al mole negro, el Yorkshire pudding junto al pan de elote. No se trata de una fusión, sino de un diálogo entre culturas —una expresión viva de gratitud por todo lo que me ha formado.
Así que, dondequiera que te encuentres esta temporada —ya sea cortando pavo en Londres, compartiendo tamales en la Ciudad de México, o levantando una copa en algún rincón del mundo—, tómate un momento para saborear el silencio antes del primer bocado. En esa pausa reside el verdadero significado del festín: la gratitud, en su forma más pura.
Les deseo a usted y a sus familias un Día de Acción de Gracias lleno de alegría y momentos memorables.